Y Michel compró la televisión que el Pájaro y Pitera reclamaban

Emilio Nadal

En los días finales del verano de 2012 la actividad era frenética en el corazón del Estadio Ciutat de València. La instalación trataba de ponerse guapa con el objetivo de adecuarse, desde un punto de vista estructural, al reto que suponía afrontar la Liga Europea. La victoria ante el Mothervell, en las jornadas postreras de agosto, propició que las entrañas del vestuario sufrieran modificaciones sustanciales en un corto espacio de tiempo puesto que el duelo ante el Helsingborgs de la fase de grupos ya clareaba. Y era una condición ‘sine qua non’ cumplir las propuestas y las directrices emanadas desde el organismo gestor de la UEFA. El Pájaro y Pitera, los utilleros de la entidad granota, sufrieron los efectos de estas obligadas modificaciones.

Las dimensiones de la zona que ocupaban habitualmente, allí donde guardaban con cuidado y con mimo los enseres y pertenencias de la primera plantilla, aumentaron. En ese microcosmos que rápidamente recolonizaron de nuevo y dotaron de singularidad existe una pequeña barra de bar con todas las comodidades posibles. Dicen que el café es exquisito. Es uno de los puntos preferidos de reunión de los jugadores azulgranas en los instantes anteriores al arranque de las sesiones de trabajo desarrolladas en el Ciutat de València. Y en su interior se han solucionado temas candentes. En la previa de los duelos oficiales hay trasiego entre los protagonistas que minutos más tarde contenderán sobre la superficie del verde. Por allí ha pasado Mourinho o Ancelotti. Tras el lavado de cara del complejo y el posterior proceso de readecuación, el cuerpo de utillería únicamente echaba en falta una televisión entre las pertenencias allí apiladas. Son muchas horas de trabajo entre sus muros y, en ocasiones, su sonido y la imagen ayuda a matar el tiempo muerto. Era cuestión de cerrar el círculo realizado. Así que lanzaron una propuesta al viento a modo de estímulo sobre el grupo. La petición era diáfana; una televisión. Y no tardaron en exceso en recibir una respuesta satisfactoria. Michel se brindó a comprar un receptor. El futbolista valenciano, granota durante el ejercicio 2012-2013, marchó al Worten, a la conclusión de uno de los entrenamientos de la escuadra azulgrana en el feudo de Orriols, y regresó con una televisión bajo su brazo para los utilleros.  

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