Sangchilli, ‘el bulldog levantino’ hace el saque de honor del duelo copero entre el Levante y el F.C. Barcelona

Emilio Nadal

Las gradas del viejo Estadio de La Cruz, en los márgenes del Camino Hondo del Grao, estaban totalmente abarrotadas. Apenas si faltaban unos minutos para el arranque del encuentro de vuelta de los cuartos de Final de la Copa de España cuando Sangchilli hizo acto de presencia sobre el tapete verde. El bulldog levantino fue el encargado de protagonizar el prólogo de una confrontación que había alterado el ritmo cardiaco de los seguidores de la sociedad marina. Sangchilli, conocido por Baltasar Belenguer, saludaba con su mano, menuda, pero revestida de hormigón, a los seguidores de las escuadras que, en breve, contenderían por las semifinales de la competición. Sangchilli estaba de dulce después de conquistar el campeonato mundial de los pesos gallo y el Levante decidió homenajearlo.

El afamado boxeador nacido en Torrent en 1911, que competía con Martínez Alfara por conseguir la protección y los favores de los sectores del público valenciano aficionado al boxeo, efectuó el saque de honor ante la mirada de un coliseo que se había quedado diminuto para albergar una eliminatoria que contó con un partido suplementario en Zaragoza para dirimir el nombre del semifinalista, condición que finalmente recayó en el Levante. Sangchilli fue el primer boxeador español  que se convirtió en campeón del Mundo. Menudo y ágil, metódico y stajanovista en el esfuerzo, dicen que no conocía el miedo y si lo conocía supo abstraerse de esta emoción. Aspirante a fontanero, a la disciplina del ring llegó tras ver un documental en el cine en el que proyectaban una pelea entre Dempsey y Carpentier.

Jules Avernin fue decisivo en su carrera profesional. Fue su descubridor y ejerció de manager personal del púgil de Torrente. Baltasar Belenguer adoptó su apelativo profesional, Sangchilli, de su compañero de andanzas Chang-Chi-Li. Es evidente que el luchador hizo una libre interpretación fonética. La cuestión de esconder su verdadero nombre fue para evitar injerencias de sus padres que no parecían muy dispuestos a apoyar las aficiones pugilísticas de su hijo. Durante la década de los años treinta combatió en los mejores escenarios del mundo en busca de la gloria. Se recuerdan sus combates titánicos ante Panamá Alf Bromw. Recorrió la práctica totalidad del mundo para subirse a los cuadriláteros más insignes y se retiró en los inicios de la post-guerra para afincarse en el chalet que había comprado en el Vedat. Allí preparó a futuros boxeadores, dirigió la preparación física del Torrent y ofrecía masajes terapéuticos.

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