Navarro se escabulle de la concentración para disfrutar de la Acrópolis de Atenas

Emilio Nadal

Parece una transgresión viajar a Atenas y no disfrutar de la visión cercana, íntima, y en primera persona, de la ruinas de la vieja Acrópolis por más que el fútbol adquiera primacía y los futbolistas estén sujetos a los rigores, en ocasiones, espartanos de las concentraciones.

Y David Navarro lo sabía de sobra.

Conocida como la roca sagrada, persistiendo al paso del tiempo como un viejo centinela que nunca descansa en su perseverante vigilia, desde la cúspide más elevada de la ciudad, destila la nostálgica melancolía que emana de un pasado que nos reconduce a la antigüedad clásica.

Es un símbolo y fue la sede de los principales lugares de culto de la Grecia de la época de Pericles.

Y si te acercas a cada una de estas maravillas que han resistido hasta perpetuarse y agudizas el oído puedes escuchar infinidad de historias y de relatos tan heroicos como conmovedores.

Las consignas estaban claras en las horas previas al duelo que el Levante afrontaba ante Olympiacos en el Estadio Georgios Karaiskakis. Juan Ignacio Martínez no quería que el colectivo azulgrana se despistara de su principal y único cometido, a pesar del brillante triunfo conquistado la semana anterior sobre el césped del Ciutat (3-0) que ponía en franquicia la eliminatoria de los dieciseisavos de Final de la Liga Europea.

No obstante, el preparador recelaba de su adversario. Era muy temido en su condición de local. Jim deseaba crear una atmósfera densa y de máxima responsabilidad. Un barniz que aislara a los futbolistas y los alejara del mundanal ruido. Pretendía formar una barrera para que el pensamiento de los futbolistas estuviera monopolizado por las propiedades del duelo que estaba fijado para la tarde-noche.

El día amaneció soleado como si el astro rey quisiera saludar con una sonrisa a la histórica jornada que se avecinaba en clave azulgrana, aunque más tarde la lluvia hizo acto de presencia.

Los jugadores desayunaron y pasearon durante unos minutos por las cercanías del hotel elegido para la concentración en tierras griegas. Su actividad cejó en ese mismo instante, como sucede con los monjes que se apartan de la vida, con el fin de sumergirse en la meditación trascendental con un único pensamiento que se centra en preparar la cita.

Paralelamente se organizó una escapada a la Acrópolis por parte de los miembros auxiliares del cuerpo técnico. Las órdenes que había transmitido Juan Ignacio eran diáfanas y concisas; los integrantes de la citación no podían abandonar el recinto. Únicamente escapaban a este decreto los jugadores que no entraron en la convocatoria, pero David Navarro decidió infringir ese mandato.

Es evidente que esta falta ya ha prescrito y es posible relatarla.

Inclusive Juan Ignacio no la tendría en cuenta puesto que se trata de una digresión menor. Navarro quería lustrar la visita a Atenas con la visión de uno de los monumentos más distinguidos.

El central se escabulló entre el gentío que había en el hall del hotel y marchó hacia la Acrópolis. No obstante, hubo que solventar distintos contratiempos y emprender duras negociaciones para mantener el anonimato del defensor.

Canal Nou se había desplazado hasta la Acrópolis siguiendo a los miembros del Consejo de Administración levantinista. Al ver a la improvisada expedición llegar en dos taxis, con Navarro a la cabeza, la periodista se acercó para inmortalizar el momento. Era una buena noticia para mandar a los informativos de las dos de la tarde, pero era una evidencia que Navarro no podía salir. No estaba autorizada para estar allí.

La resolución no fue sencilla, aunque la periodista respetó y aceptó grabar a la totalidad del grupo con la excepción del zaguero. Navarro se escabulló entre los visitantes, pese a que lucía el chándal con los emblemas del Levante, y firmó más de un autógrafo, conoció los secretos y misterios arquitectónicos que esconde el Partenón, que son prácticamente invisibles al ojo humano, disfrutó de la visión embaucadora de las Cariatides, por más que no sean las originales y se estremeció antes la vistas de la ciudad.

Así que quedan dos imágenes contrapuestas de aquella transgresión; la versión oficial en la que no aparece David Navarro y una versión extraoficial en la que aparece la efigie del defensa.  

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