Juan Puig expone sus quejas sobre los arbitrajes sufridos por el Levante F.C

Emilio Nadal

Juan Puig era un equipier respetado allá donde se manifiesta la acción del fútbol; es decir, sobre el verde, hacia mediados de la década de los años veinte. Era una de las voces más consideradas de aquel vestuario que empezaba a poner entre interrogantes la hegemonía del Valencia y del Gimnástico en las competiciones locales. El Levante se interpuso con virulencia en esa lucha dual para convertirla en una dura batalla entre tres representaciones. Juan Puig, con la temporada 1925-1926, en pleno recorrido tomó la palabra, de forma pública, para tratar de denunciar los perniciosos arbitrajes que estaba sufriendo la institución que representaba con pasión. “Queremos que el público sepa que nos están siendo robados los partidos de la manera más descarada”, relató echando por su boca fuego en La Voz Valenciana.

“El Levante cuando es vencido de ley se resigna y proclama la legitimidad de la derrota. Así lo hizo noblemente después del partido del campeonato celebrado con el Gimnástico; la victoria de éste fue merecida dado el mediocre juego que el Levante desarrolló y nada hubo que oponer. Pero los empates ante el Natación y el Castellón han sido obra exclusiva de los árbitros manifiestamente parciales contra el Levante”. Su acusación fue directa. La estela del Valencia fluía. “Estamos seguros de que en este campeonato hay gato encerrado. Quizá algún club, viendo en peligro el primer puesto del campeonato, procura asegurar el segundo puesto (tan apetecible como el primero). Y la manera de asegurarlo acaso sea alejar hacia la cola, por medios indirectos hacia el Levante, que es el más próximo en puntuación a los que van en cabeza. De no haber sido evitadas nuestras victorias de Castellón y de Alicante, sólo nos separarían del Valencia dos puntos en la clasificación actual del campeonato. Y al menor tropiezo del Valencia…”. Los rectores marinos ratificaban la desconfianza fijada por Puig. “En el partido de Castellón vimos al árbitro Lloveras, acompañado de personas que no son levantinos precisamente, y que además no les interesaba directamente lo más mínimo el partido entre nosotros y el Castellón. Lo cierto es que el Sr Lloveras se nos mostró hostil desde el primer momento. Y nos anuló nada menos que tres ¡goals! ¡Una friolera!”. La condena esgrimida por distintos sectores afines al levantinismo tenía como punto focal el colegio de árbitros valenciano. El razonamiento de la sospecha radicaba en la estrecha conexión y la contigüidad entre el Valencia y este organismo. “Creemos en la competencia de nuestros árbitros, pero como el Valencia tiene tantas simpatías y amistades… en fin pregunten ustedes su opinión sobre esto al Gimnástico y a otros clubes de la región y verán como respiran”, concluía La Voz Valenciana. El enunciado de las manifestaciones vertidas por Juanito Puig provocó la fulgurante y encendida reacción del vestuario de Mestalla. Diario de Valencia recogió una propuesta firmada por los jugadores del Valencia demandando una rectificación por parte del futbolista de Levante.  

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