Juan José Estellés, mucho más que el arquitecto del Ciutat de València

Emilio Nadal

Juan José Estellés dejó una tarde inolvidable para el levantinismo en el mismo escenario que había construido con mucha antelación, allá hacia finales de la década de los años sesenta. Frisando los noventa años demostró, con un discurso ágil y dinámico, ante un auditorio entregado desde el mismo momento en el que accedió al estrado montado para la ocasión en los asientos ubicados en el Palco de Honor del feudo granota, que su memoria era cuanto menos excepcional y soberbia. El paso del tiempo no solo no le había traicionado sino que le había dado un poso de madurez y de destreza para enfrentarse a la concurrencia que se había congregado.

Estellés tiró de los recuerdos para rememorar cómo emergió la edificación del Ciutat de València. Su presencia estaba enmarcada en el sentido homenaje preparado por la entidad granota con motivo del cuadragésimo cumpleaños del coliseo del barrio de Orriols que no hay que olvidar vio la luz en septiembre de 1969. El arquitecto reveló emociones, que parecían olvidadas, que surgieron en paralelo al alzamiento de la instalación deportiva y tuvo la enorme capacidad para conectar de inmediato con el público asistente. Con ese aire de profesor universitario relató su experiencia de manera didáctica. Su vocación pedagógica le distinguió desde un primer instante acentuando los aspectos más determinantes del proyecto y acudiendo a la anécdota para mantener viva la atención de la nutrida asistencia.

En su exposición supo robar una sonrisa al público, principalmente a los jugadores que componían el plantel que consumó el ascenso a Primera División unos meses más tarde y que se distinguía desde la primera fila. Fue una aparición sumamente evocadora que le permitió viajar en el tiempo para regresar a las frenéticas jornadas que antecedieron a la inauguración del complejo bautizado con el nombre de Antonio Román, presidente de la sociedad azulgrana a fines de los sesenta, con el duelo entre el Levante y el Valencia. Estellés resplandeció en medio de la oscuridad que lentamente fue confinando clandestinamente al Ciutat de València, pero Juan José Estellés fue mucho más que el arquitecto de la actual morada del Levante.

Sus inquietudes y sus impresiones y la pasión por la profesión que escogió quedaron condensadas en una obra mucho más profunda y sobre todo más extensa. Estellés se formó en la Institución Libre de Enseñanza, un proyecto pedagógico asociado a nombres míticos del tamaño de Francisco Giner de Los Ríos, Gumersindo de Azcarate o Nicolás Salmerón. Quizás al calor del krausismo se agudizó su innegable espíritu crítico y esa incesante curiosidad que le llevó a tratar de conocer el significado más insondable de todo aquello que le rodeaba. Su vida no estuvo exenta de vicisitudes. Tras titularse en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, conoció el confinamiento que supuso pasar un año y medio en las cárceles del primer franquismo.

Fue profesor de la Escuela de Arquitectura, que se gestó en Valencia en los años sesenta, y formó parte del grupo Parpalló, un movimiento que trató de aunar a diversas disciplinas estableciendo unas claras conexiones y la integración de las artes. Su notable interés por la arquitectura de vanguardia se reflejará en la mayor parte de su producción. Para el fiel seguidor de la causa granota, Estellés es el responsable del levantamiento del Ciutat de València, una especie de segundo hogar para la gran masa social azulgrana, pero su productividad fue mayor y su rúbrica personalizada está presente en edificios tales como la Confederación Hidrográfica del Júcar en la Avenida Blasco Ibáñez, el Centro de Rehabilitación de Levante, o la Antigua Escuela de Comercio, convertida en la actualidad en la Biblioteca de Humanidades de la Universitat de València.          

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