Feliciano; con batín y zapatillas de ir por casa en el autobús

Emilio Nadal

Feliciano tenía una costumbre, personal e intransferible, que marcó su corta estancia en la sociedad blaugrana allá por la franja intermedia de los años noventa. El defensor ejecutaba con seriedad y gravedad una rutina que cumplía con una fidelidad escrupulosa cada vez que se subía al autobús que desplazaba a la expedición blaugrana para afrontar los diferentes compromisos oficiales diseminados por el marco de la  Segunda División B.

Entre los enseres escogidos nunca faltaba el batín y las zapatillas de ir por casa. La imagen está perfectamente instalada en el extenso catálogo de recuerdos que exhibe José Baixauli, fisioterapeuta de la primera plantilla desde tiempos ya inmemoriales, cuando se tata de rememorar el pasado granota y fluye también por la memoria profunda de Juanfran. El actual capitán del Levante emprendía una ilusionante y emergente aventura por el futbol por aquellos días.

“Al principio la verdad es que nos llamó mucho la atención, pero en seguida nos acostumbramos”, advierte con el rostro iluminado por una sonrisa José Baixauli. La estampa protagonizada por el jugador era cuanto menos curiosa. Feliciano, nada más acceder al autocar, cumplía con el ritual de fijarse el batín y de descalzase para ajustarse las zapatillas de ir por casa. Y había una respuesta a esta solemne ceremonia que repitió en todos y en cada uno de los desplazamientos realizados. No era un signo de esnobismo. Era una cuestión de practicidad y de confort. “Él nos decía que iba mucho más cómodo”, asegura entre risas Baixauli.

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