El Ciutat de València estrena la condición de instalación europea

Emilio Nadal

Próximo a cumplir los cuarenta y tres años de vida, desde su estreno, con todos los honores y boato, un 9 de septiembre de 1969 con un derbi que enfrentó al Valencia y al Levante, el Estadio Ciutat de València estrenó el 30 de agosto de 2012, a las 20:45 horas, la condición de europeo. El enfrentamiento entre la escuadra azulgrana y el Motherwell escocés propició un nuevo status del feudo que sirve de escenario para los encuentros del Levante en competición oficial desde finales de la década de los años sesenta. Es evidente que la historia del coliseo granota dio un viraje espectacular durante los últimos años. La primera década del tercer milenio parece sustentar este evidente proceso de reconversión que cuenta con un nuevo capítulo con la eliminatoria de retorno de acceso a la Liga Europea frente a la entidad escocesa.

En ese sentido, es incuestionable que los retos conquistados por el conjunto azulgrana, posicionado sobre el interior de su rectángulo de juego, conforman la raíz de esta particular mutación. Hay una sinergia absoluta entre estas dos variables presentadas. La inauguración del Estadio Ciutat de València, por aquellas fechas Estadio Antonio Román, en honor al presidente que concluyó la edificación de esta estructura, después de un complejo proceso que se alargó en exceso en el tiempo, coincidió con la estancia del Levante como inquilino de la temible Tercera División. Sus primeros balbuceos como instalación deportiva no fueron excesivamente halagüeños. En junio de 1971 vivió, en rigurosa primera persona, una dramática y aterradora confrontación que midió al Levante y al Nástic de Tarragona con el infierno de la categoría regional contextualizando la cita.

No obstante, a mediados de esa misma década, sirvió de acomodo a una promoción de ascenso, en dirección a la Segunda División A, con el C.D. Alavés como oponente, que persiste en la memoria de los estamentos azulgranas por la inmaculada e histórica respuesta de los aficionados que cubrieron la totalidad del aforo disponible, consignando quizás la mejor entrada de la instalación durante sus más de cuatro décadas de existencia. El Ciudad de Valencia se acostumbró, durante los setenta, ochenta, bajo la denominación de Nou Estadi, y noventa a dar cobijo a partidos adscritos a la categoría de Plata, Segunda B y puntualmente hasta envites encuadrados en la terrible Tercera División. No obstante, su suerte varió diametralmente en la epifanía del tercer milenio.

Septiembre de 2004 marcó su conversión en feudo vinculado al limes de la Primera División. Fue en un duelo ante el Racing de Santander que encumbró a Manchev. El salto fue de grandes proporciones. Aquella confrontación inauguraba una dimensión totalmente desconocida. El Ciutat tomaba el relevo del mítico Vallejo como aposentador de la Primera División. Los duelos en ese ámbito se repitieron de manera más o menos constante aunque con altibajos y con momentos de dudas y de apocalípticas incertidumbres. Y en el transcurso de la temporada 2012-2013 superó a su predecesor al conseguir hospedar al Levante  por tercera temporada consecutiva en la élite superando los dos ejercicios concatenados de los sesenta (1963-1964 y 1964-1965). No obstante, los instantes de mayor apogeo y esperanza colectiva se reservaron para el mes de mayo de 2012 cuando la victoria frente al Athletic trasladó al coliseo del barrio de Orriols a un umbral desconocido. El opulento y almibarado ecosistema de la Vieja Europa se abría de par en par. Y quizás la victoria definitiva ante el Motherwell le llevaría a cumplir unos sueños que nunca imaginó.

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