El Ayuntamiento de Valencia abre sus puertas para agasajar a los semifinalistas de Copa

Emilio Nadal

Quizás fuera la primera manifestación de reconocimiento absoluto y manifiesto por parte del consistorio de la ciudad de Valencia hacia el Levante F.C. como entidad deportiva y, evidentemente, hacia sus equipiers después de la proeza que significó la eliminación del F.C. Barcelona en la ronda de octavos de Final de la Copa del Rey, tras un legendario partido de desempate en el Estadio de Torrero en Zaragoza (3-0) que ornamentó al club marino con la condición de semifinalista de la competición más antigua del país. Las puertas del ayuntamiento descubrieron la esencia de una escuadra que, con anterioridad, había fulminado del mapa copero al Valencia con dos actuaciones sumamente meritorias.

Manuel Gisbert Rico, en calidad de máxima autoridad política, en compañía del resto de los dirigentes de la corporación, inauguró el capítulo de las alocuciones para agasajar a una plantilla que tenía una cita con la historia frente al Sabadell apenas unos días más tarde. Gisbert, militante del Partido de Unión Republicana Autonomista (PURA), fue nombrado Alcalde de Valencia en noviembre de 1934 aunque su presencia en el consistorio remonta a 1931 cuando fue investido como concejal. El alcalde, en el salón de los concejales y en medio de un ambiente caracterizado por la distensión, reconoció el valor y el arrojo que había mostrado un colectivo capaz de defender con infinita lealtad y nobleza el escudo del Levante ante adversarios con un prestigio manifiesto en el balompié nacional.

El equipo natural de los Poblados Marítimos recibía un emocionado y sincero tributo de la corporación municipal. En cierto modo, el Levante rasgaba sus límites más inmediatos para expandirse a la búsqueda de nuevos espacios sobre los que proyectarse. Su área de influencia comenzaba a expandirse. Aquella imagen de gratitud ante el esfuerzo vertido por los equipiers blanquiazules era una demostración; un indicio del calado de un team que no perdía sus emblemas, ni sus simbólicas señas de identidad. Es evidente que había una concordancia entre aquella heroica victoria del Levante y el triunfo de la ciudad de Valencia.

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